miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tendemos a la especialización


 
Los profesionales del siglo XXI siguen cursando estudios con el objetivo de poder aportar un valor a la sociedad, el cual es retribuido por ésta en forma de dinero con el que adquirir bienes y servicios. No obstante, hay profesionales muy valorados y profesionales poco valorados. La cuestión es, ¿de qué depende ese valor?

Al principio de nuestra carrera somos polivalentes: es decir, servimos para todo en general y para nada en particular. La consecuencia inmediata de esto es que en ese momento cuando se necesita realizar una tarea específica, la sociedad puede contar con nuestros servicios pero siempre habrá alguien que ese problema lo sepa resolver mejor que nosotros.

Es por tanto evidente que para salir de la mediocridad debemos especializarnos y es por ello por lo que las universidades ofrecen másteres y expertos que concretan los estudios de su oferta académica.

El problema surge cuando somos generalistas y no tenemos claro cómo o en qué especializarnos. Encontrar la respuesta a esta pregunta es compleja y pensar en ello puede llegar a causar estrés.

Debemos empezar primeramente descubriendo en qué somos buenos o qué es lo que de verdad nos motiva. Eso no se puede averiguar simplemente desde el sillón de casa, por el contrario es necesario que probemos tantas actividades como sea posible a lo largo de nuestra vida, cuanto más temprano mejor y entonces podremos saber realmente y no de manera abstracta qué se nos da bien y qué se nos da mal. Conocer nuestras limitaciones y talentos es básico, pero llegar a conocernos a nosotros mismos requiere una gran inversión en tiempo y a veces en dinero.


El secreto del éxito lo desenterramos cuando encontramos aquello que nos motiva y para lo que tenemos talento especial y es en ese momento cuando debemos dedicar el 100% de nuestros esfuerzos a especializarnos en ese campo. Mientras tanto, toda nuestra energía debe encaminarse a encontrar nuestro talento.

De esta manera, el éxito final está garantizado.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Mismos estímulos, diferentes respuestas. El gusano en agua y alcohol.


Tras analizar el libro "Tus zonas erróneas" de Wayne W. Dyer, podemos ver la propuesta del autor sobre cómo cada persona asimila una información diferente ante el mismo estímulo externo.

Veamos el siguiente fragmento del libro:

Un orador se dirigió a un grupo de alcohólicos decidido a demostrarles de una vez por todas que el alcohol era el peor de los males. Sobre su mesa en el estrado tenía lo que a simple vista parecían ser dos vasos llenos de un líquido transparente. Explicó que uno estaba lleno de agua pura y que el otro estaba lleno de alcohol sin diluir, también puro. Colocó un pequeño gusano en uno de los vasos y los presentes pudieron observar cómo éste nadaba por la superficie dirigiéndose hacia el borde del vaso, entonces se deslizó tranquilamente hasta llegar arriba. Luego el orador cogió el mismo gusano y lo colocó en el vaso lleno de alcohol. El gusano se desintegró a la vista de todos. “Ahí tienen -Dijo el orador-. ¿Qué les parece? ¿A qué conclusiones llegan?” Una voz, proveniente del fondo de la habitación dijo muy claramente: “A mí lo que me parece es que si uno bebe alcohol no tendrá nunca gusanos”.


Dyer muestra con esta historia que cada individuo añade a su conocimiento tan solo aquella información que le interesa recibir o para la que está preparado.